La Avenida Callao forma parte de mis cosas favoritas: su perfume, sus vientos, las esquinas, la no previsión al caminar, los movimientos de las veredas, un poco lo desenfrenada y ruidosa. Otro poco lo ambigua y carente.
Y recuerdo los extremos: la felicidad antes de mi viaje, el desconsuelo del tiempo, las palomas y el miedo, el éxtasis de la facultad, lo exultante del amor, la tristeza de las saudades, el regocijo de ciertos éxitos personales. Lo que completa a una ciudad, al final, el material personal (o ajeno, literario) que cada cual le impone.
Así la quiero. Así como se percibe que los gustos tal vez cambien y las avenidas otras empiecen a cobrar cierto sentido, a ser cierto material en competencia con Callao. Pero aún así, yo creo que aún así la voy a retener. La voy a querer siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario