Emil no es una cosa, claramente. Pero bien podría ser un personaje de algún cuento. Y es algo así como una elección afectiva. O al menos, así lo imagino yo. Saca hermosas fotos, escribe poco pero con cadencia especial, crea más de lo que dice y uno lo palpita aún a milllas de distancia.
Él mide en Fahrenheit y yo en grados centígrados, él viene del mar y yo de la tierra, él dice chevere y yo digo buenísimo. Nos separan las distancias, nos unen las letras.
Creo en este tipo de elecciones más que en muchas cosas cercanas a mí desde otras formas. Entonces Emil. Entonces el camino NY-Buenos Aires nos queda un poco más cerca.
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