domingo, 7 de noviembre de 2010

No ves que va la luna rodando por Callao

Pocas cosas recuerda uno tan nítidamente como los extremos: el dolor profundo, la felicidad intensa, las dificultades, el esplendor. Así es un poco el recuerdo: latente, quizás imprevisible, a veces forzado a salir a la luz a granel.

La Avenida Callao forma parte de mis cosas favoritas: su perfume, sus vientos, las esquinas, la no previsión al caminar, los movimientos de las veredas, un poco lo desenfrenada y ruidosa. Otro poco lo ambigua y carente.

Y recuerdo los extremos: la felicidad antes de mi viaje, el desconsuelo del tiempo, las palomas y el miedo, el éxtasis de la facultad, lo exultante del amor, la tristeza de las saudades, el regocijo de ciertos éxitos personales. Lo que completa a una ciudad, al final, el material personal (o ajeno, literario) que cada cual le impone.

Así la quiero. Así como se percibe que los gustos tal vez cambien y las avenidas otras empiecen a cobrar cierto sentido, a ser cierto material en competencia con Callao. Pero aún así, yo creo que aún así la voy a retener. La voy a querer siempre.

martes, 2 de noviembre de 2010

Leer y no tanto en Biblioteca del Congreso

En Buenos Aires hay muchísimas bibliotecas. Son gratuitas y le permiten a uno quedarse todo el tiempo que se necesite. En mi época de (reciente) tesista la Biblioteca del Congreso fue mi lugar. No sólo tienen una atención muy buena -desde los de recepción que ya me veían ir todos los días hasta los bibliotecarios que lo orientan a uno- sino que hay una mística que no podría describir.

Quizás haya sido mi propio cuento, mi propia fantasía. Sin embargo, cada día veía a la Biblioteca poblarse de personajes como yo, y aún más extraños. Gente loca, gente sin techo, estudiantes, investigadores. Ese era el panorama diario y exquisito para mí, que muchas veces me concentraba en tratar de descifrarlos, de saber su origen y quizás inventar su destino.

Arquitectónicamente hablando, la Biblioteca de Congreso es bella aunque algunas de mis amigas comentaban que les parecía de alguna forma oscura. No era la Biblioteca del Maestro, bellísima y tranquila, pero era un lugar donde valía la pena estar.

Entonces Biblioteca de Congreso y sus personajes: una de our favourite cosas. Un lugar para leer, y no tanto.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Un lugar en el mundo: The George Inn- Cambridge

Una pequeña casa. Un pub inglés en el medio de una calle-ruta que separa las localidades de Girton y Cambridge. Una casa que nos alojó todas las noches en que decídiamos salir a la noche inglesa pero sin llegar a la ciudad que es Cambridge. Entonces el George Inn se llenaba de brasileros, turcos, argentinos, suecos que jugaban al pool -los menos-, tomaban una cerveza- los más- o simplemente se quedaban sentados charlando.

Si algo nos enseñaron antes de viajar allá es que no está bien visto -como acá- que uno se quede en un lugar sentado sin consumir nada. Entonces hacer estirar ese último vaso es bastante argentino dentro de lo inglés.

El George Inn además transmitía los partidos de la Liga Europea y reunía a los vecinos del lugar. Todos hombres que se sentaban a tomar algo.
La barra del George Inn es hermosa y el lugar hasta tiene alfombra.

Si están por ahí estudiando o paseando, no se lo pierdan. Puede que el George Inn también sea su lugar en el mundo, parte de sus favourite cosas.

Bienvenidos, hola, qué tal

OFC es un lugar de impresiones. Sucede a menudo, por no decir casi siempre: uno conoce un lugar, una tienda o lo que sea y tiene ya su primera mirada. Si ésta es positiva, si nos atrae y nos impulsa a establecer un contacto más fluido con las cosas, entonces las chances de convertirse en "favorita" crecen notablemente.

Somos consumistas, somos hedonistas. Estas son our favourite cosas. Ojalá también puedan ser las suyas.